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¡Cómo extraño La Zona Rosa!, la “casa” de la comunidad LGBTTTI

Judith Flores

Mujer lesbiana, periodista y activista LGBTTTI


Lo que ahora es un lugar turístico y comercial de fama internacional fue un importante campo agrícola, se convirtió en una de las primeras colonias de nuestra gran capital a fines del siglo XX, se transformó a centro de encuentro de artistas e intelectuales de los años 50 y 60, por décadas ha sido un punto de partida de las protestas sociales ante los distintos problemas que afrontamos los mexicanos, pero sobre todo los últimos 70 años es el lugar de reunión emblemático de la comunidad Lésbico Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti, e Intersexual (LGBTTTI). Es la zona rosa de la Ciudad de México y tiene 140 años de historia.



Lejos quedaron esos años cuando en los amplios terrenos de la Hacienda de la Teja se criaba ganado además de cultivar trigo, maíz y hortalizas. Pero en 1880, la tendencia de la época de fraccionar las áreas de cultivo llevó al establecimiento de las incipientes colonias, incluida por supuesto la Nueva del Paseo, como se le llamó al área donde nacería la Zona Rosa.

En poco tiempo, las más de 800 haciendas y 800 ranchos que había en nuestra gran capital fueron sustituidas por las mansiones estilo europeo de embajadores, empresarios, funcionarios extranjeros y las familias adineradas porfirianas quienes empataron su interés de alejarse del centro de la ciudad (donde ya comenzaba a haber tráfico y multitudes incomodas) con el llamativo precio de 2-3 pesos el metro cuadrado que pagarían por los terrenos donde el gobierno diligentemente instaló drenaje, alumbrado y amplias avenidas.


¿Pero cómo nació la Zona Rosa? En 1906 se integra la colonia Juárez y se inicia un acelerado proceso de urbanización y crecimiento comercial que ha resultado en lo que conocemos ahora: un área donde hay cientos de cafés, restaurantes, boutiques, hoteles, restaurantes, galerías de arte, estudios de tatuaje, librerías, tiendas de juegos sexuales, oficinas, tiendas artesanales, tiendas de antigüedades y joyerías, además de al menos una treintena de antros, bares y discotecas LGBTTTI.

Pero vamos por partes. Se estima que la transformación más significativa del área que nos ocupa sucedió a fines de los años 40, cuando algunas familias se habían mudado a Polanco, Lomas de Chapultepec y la del Valle y habían dejado algunos espacios que podían ser aprovechados comercialmente. Y también muchas plantas bajas de las mansiones ya comenzaban a ser transformadas en boutiques, restaurantes y galerías de arte.



En los años 50, el número de bares, cafés, tiendas de antigüedades, joyerías y librerías atrajo la atención del público nacional e internacional tanto que también se comenzó la construcción de hoteles para darles hospedaje. La zona se transformó de ser campirana tradicional, atravesada por la Revolución Mexicana, a una conservadora porfirista (en la que a ojos del escritor Carlos Fuentes se mostró el fracaso posrevolucionario) y después pasó a una etapa de urbanización donde los nuevos ciudadanos, al igual que los personajes de su novela La Región más Transparente, eran muy diversos: profesionistas, intelectuales, ruleteros, prostitutas, empleados de gobierno, migrantes , empleadas domésticas, entre otros.


Y llegaron los años 60, cuando el área ya tenía más características comerciales, que residenciales. De hecho fue una de las principales atracciones turísticas durante los Juegos Olímpicos de 1968 y el Mundial de Futbol de 1970. Era el lugar de moda y en esos años fue cuando según se asegura la Zona Rosa fue bautizada con su nombre. ¿A quién se le ocurrió? Se dice que tal vez al periodista Vicente Leñero o a su colega Agustín Barrios Gómez, pero el que peleó más la “paternidad” fue el pintor José Luis Cuevas, quien aparentemente lo hizo en honor a Rosa Carmina, rumbera cubana estrella de las películas nada convencionales del cineasta Juan Orol, aunque también hay versiones que hacen coincidir a Leñero y Cuevas: es zona rosa, porque con todo lo que sucede en sus calles, es roja de noche, blanca de día.

Y es que en la Zona Rosa la comunidad gay, mayoritariamente masculina, comenzó a encontrar espacios de reunión. En sus calles bulliciosas nacionales y extranjeros gustaban de asistir a bares, restaurantes y antros que estaban en su apogeo. Bueno, se podría decir que eso se redujo bastante de 1952 a 1966, porque en esos 14 años el entonces gobernador de la ciudad Ernesto P. Uruchurtu, aplicó mano dura en la ciudad y ordenó redadas en clubes nocturnos y combatió la prostitución.


Pero hubo una excepción: El Safari, ubicado en la esquina de Havre y Hamburgo. ¿Cómo fue posible que no lo clausuraran? Porque el dueño era Fernando Romero, jefe de la entonces Policía Judicial del Distrito Federal y de quien se decía era de ambiente. Al lugar asistían lesbianas, gays y heterosexuales. Chavela Vargas llegó a hacer temporada en el bar.


El Safari fue el primer bar abiertamente gay de la ciudad y también fue el tema de la primera novela gay en nuestro país. El bar fue clausurado definitivamente en 1966, muchos años después el edificio que lo albergaba fue demolido, pero la historia del lugar fue inmortalizada por el escritor Gonzalo Martre, en su novela Safari en la Zona Rosa, publicado en 1970. En su libro, Martre da cuenta de las personalidades que asistían a las presentaciones y los sucesos en el bar hasta el día de su cierre forzado. En los años 70, existió El Reno´s, un restaurante y cantina ubicado en la calle de Copenhague entre Reforma y Oslo.


En 1979, con su libro El vampiro de la Colonia Roma, Luis Zapata hizo aún más visible y audible la existencia de la comunidad gay ante la sociedad mexicana. La publicación, generó un gran escándalo, se convertiría en un clásico de la literatura gay, y fue como un grito más a la manifestación histórica de varias decenas de gays y lesbianas durante la marcha por el aniversario de la Revolución Cubana. Las y los integrantes del Frente de Liberación Homosexual de México, protestaron el 26 de julio de 1978, contra las razzias con pancartas que decían: “¡No hay libertad política si no hay libertad sexual!” y “¡Sin libertad sexual no habrá liberación social!” y en junio de 1979, realizaron la que oficialmente se considera la primera marcha de orgullo gay en nuestro país.


Es también en la década de los años 70 que se inauguró el antro El Famoso 41, en la calle de Hamburgo, de la colonia Juárez, a la que pertenece la zona rosa. Su nombre hace alusión a la noche del 18 de noviembre de 1901 cuando la policía porfirista hace una redada en un baile gay que se celebraba en la colonia Tabacalera. Detuvieron a 21 hombres vestidos de hombre y 21 hombres vestidos de mujer, pero al cuartel sólo se llevaron a 41, porque el #42 era el yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre y Mier. A él lo dejaron fugarse por la azotea de la casa allanada. Por supuesto los medios de la época informaron todos los detalles posibles del suceso.


Entre fines de los 70 y principios de los 80, los lugares de reunión cambiaron de ser principalmente “para platicar y beber sentados” a “bailar y bailar”, estilo discoteca como en los bares estadunidenses. En la calle de Londres se inauguró El Nueve, que al inicio operó como restaurante, después se transformó en bar, disco y hasta en centro cultural, porque se podía bailar, ligar, ver películas y escuchar a bandas como Café Tacuba, Maldita Vecindad y Real de 14, entre otros. El estilo variado en sus 12 años de existencia de su primera etapa (1977-1989) le generó mucha fama y éxito, mismos que logró reactivar en 2018, cuando su dueño, Henri Donnadieu, reactivó el proyecto con El 9 de Amberes.


Otros antros o bares de los años 80 en la calle Florencia, son Cyprus Bar y El Taller (fundado por Luis González de Alba en 1986, y ahora es propiedad de Tito Vasconcelos, quien le cambió el nombre a Nuevo Cabaretito Neón). En los 90´s, existieron Celo, El Antro, El Almacén, Cabaretito, entre otros. Las crisis económicas en el país, los terremotos de 1985 y 2017, la decadencia inevitable de los centros de entretenimiento e incluso esta autora aseguraría que el incremento de los feminicidios ha generado “subidas y bajadas” en el “impacto” de las distintas empresas y organizaciones enfocadas a la comunidad LGBTTI en la mítica Zona Rosa.


Mención especial merecen las librerías como Voces en Tinta (2000), hoy Somos Voces, en la calle Niza y el Centro Comunitario de atención de la Diversidad Sexual en la calle Génova (2011), que son establecimientos donde las personas no sólo acuden a entretenerse, sino a recibir ayuda también, en un ambiente seguro y de aceptación plena.


Hasta antes del inicio de la contingencia sanitaria había al menos una treintena de establecimientos de ambiente operando, entre ellos: Daddy, Malva Club, Rico, El 9 de Amberes, La Pulquería de la Zona, Youkali Cabaret, Cabarétito Fusión, Cabarétito Punto y Aparte, El Nuevo Cabarétito Neón, Blow, Dirty Bar, La Sacristía, La Belle Époque, BB Bar, Candy Bar , Le Cirque Nuit Bar y Pulquería La Elegante .


Actualmente, a cinco meses de que se inició la contingencia sanitaria y en acuerdo con el gobierno local varios antros gays dentro y fuera de la zona rosa han optado por operar como restaurantes y a un 30 por ciento de su capacidad. Aun no se sabe qué establecimientos podrán evitar la quiebra, pero seguramente la Zona Rosa resurgirá y seguirá siendo un referente en la historia y la actualidad de la comunidad LGBTTTI mexicana y del mundo.


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