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¿Cómo reaccionar ante esta declaración?: "Mamá, soy trans” cuarta parte

Sandra Arcos Reyes

Periodista ,madre de dos, hija, hermana, en constante des-aprendizaje.


Y ahí estábamos, el 23 de diciembre de 2017 tratando de entender que pasaba con mi “hija” de 16 años, quien decía que se identificaba como un chico, lo que le sitúa entre la población trans, es decir que su identidad de género o cómo se autopercibe, no coincide con los genitales con los cuales nació.


Aceptar esto no era sencillo, pero definitivamente todo lo que sabía en ese momento, respecto a nombrar lo masculino y lo femenino no me servía para lo que estaba viviendo, así que era necesario conocer y aprender algo nuevo, pero lo más importante era “desaprender”, lo que no sería fácil ni rápido a mis 45 años.


Pero tenía que intentarlo y así fue. Después de escuchar que hay hombres con vulva y mujeres con pene, así como personas que no se identifican con ninguno de esos géneros o con los dos, pensé que había muchas posibilidades de que mi hijo realmente sentía lo que decía, era momento de dejar de considerar la “influencia” externa.


La noticia de su orientación sexual también me tomó por sorpresa porque en mi mente, heteronormativa, esta palabra recién la aprendí, en 2017 no sabía de su existencia; asumí que la heterosexualidad era la piedra angular de la sexualidad, que eso era lo “natural” y de ahí las otras orientaciones eran “menores”, las “otras”.


Así era mi forma de ver la vida hace 3 años y no me quedaba claro ¿por qué si ahora tenía un hijo, me decía que le gustaban otros chicos? Y además otros chicos trans. Entonces pensaba ¿no puede ser lesbiana y ya?


O sea, no terminaba de entender que mi hijo no era mujer, que no podría ser lesbiana y que la orientación sexual y la identidad de género son dos aspectos diferentes de la personalidad y que además no tenía que enlazar una identidad de género con una orientación, lo que significaba que había tantas identidades y orientaciones como personas hay en el mundo. Así de claro.


Pero ¿a quién le gusta que después de haber hecho lo que, según la sociedad, me tocaba hacer como mujer, hija, esposa y madre venga mi primogénita a sacudir todo mi mundo? Si todo estaba tan ordenado. Creo que a nadie nos agrada, pero también es cierto que de nadie más depende la decisión que tomemos como madres.


Sin importar el tipo de familia que tengamos, el respeto y aceptación por nuestros hijxs puede hacer la diferencia en su vida. Uno de los pensamientos frecuentes era: ¿a quién se acercará para obtener ayuda? ¿si en casa recibe este trato, cómo le van a tratar en la calle?

Terminando esa reunión con Lina, un día previo a la navidad, acepté comprarle su primera ropa de chico para que pudiera estar como él quisiera. Pero la navidad la pasamos generalmente con mis padres, mi hermano, mi cuñada y mi sobrino que es dos años menor que Alejandro.


Así que había llegado el momento de hablar con mis padres y decirles que ya no tenían una nieta sino un nieto, que habría cambios en mi casa pero que también necesitaba su apoyo y aceptación hacia mi hijo y mi familia porque de lo contrario, la opción sería cortar lazos. Drástico, pero en ese momento me pareció que así debía ser. Incluso tenía preparado el discurso de la construcción cultural del género, la diferencia entre la identidad y la orientación, entre otros temas.


Estuve sola con mis padres porque tenía miedo de su reacción y mejor que fuera solo conmigo. Les dije más o menos así: ustedes han visto y me han señalado algunos cambios en (dead name) y quiero contarles que hemos consultado con una especialista, pensando que era producto de alguna influencia externa, que estaba confundida, no es un acto de rebeldía, solo quiero decirles que ahora tengo un hijo y ustedes un nieto y quiero saber qué opinan.

Y ¿cuál fue mi sorpresa? Mi papá tomó mi mano y dijo: “no te preocupes, aunque sea la primera vez que pasamos algo así en la familia, cuentas con nosotros y saldremos adelante” y mi mamá recalcó que jamás se les ocurriría rechazar a mi hijo, que lo amaban como era y así seguiría.


Primer obstáculo superado y era uno de los más importantes para mí. Mi hermano y mi cuñada escucharon mi explicación y me dijeron que para ellos era Alejandro y no era necesario dar mayor información. Además, mi sobrino me contó que Alex ya le había dicho y que estaba bien.


Todo el miedo que sentía por “tener que dar explicaciones” fue disminuyendo conforme mi familia más cercana, si bien no entendía claramente lo que significa la identidad de género y porque antes tenía una niña y ahora un niño, siempre han manifestado su amor a mi hijo, llamándole por su nombre y pronombre elegido.



La navidad pasó mejor de lo que esperaba y el fin de año empezaba a mejorar, me sentía más relajada, aunque nos faltaba la otra parte de la familia, es decir, la paterna y la estuvimos evitando por varios meses. Mi esposo considero que no era necesario decirle nada a su papá porque en realidad lo vemos dos o tres veces al año, pero nos importaban mucho los primos y las primas de Alex, porque siempre han tenido una relación muy cercana, son casi de la misma edad y considero que son esa familia que permanece cuando los padres mueren.


En fin, iniciamos 2018 con buenas expectativas y fue el 19 de enero cuando asistimos a la reunión de Transformar-Trascender en el Centro Cultural Jauría Trans. No me hubiera imaginado que ese lugar se convertiría en nuestro refugio por los siguientes dos años.


Era un viernes, la cita a las 18:30 pm, recuerdo que llegué un poco tarde y el pequeño espacio estaba a reventar. Ya habían llegado mis hijxs y mi esposo, se habían presentado y me tocó explicar porque estaba ahí. Fue la primera vez que vi a otras mamás y conocí a otros chicos y chicas trans, pero que hubiera otras mamás ahí me hizo sentir que llegaba a un puerto seguro, que estaba en buenas manos.


Xantall Nuilah

Xantall era la terapeuta que guiaba esa sesión y lamento mucho no haber grabado esa reunión porque dijo muchas verdades, con el estilo que le caracteriza, franco, desenvuelto, sin eufemismos, pero, sobre todo, sumamente respetuoso de cada una de las personas y de nuestros llantos y sentimientos.


En esa sesión tratamos uno de los temas que más me atormentaban, la culpa de no haber sido la madre adecuada, como si esto existiera, pero creía que sí no era perfecta, al menos debía esforzarme por ser la mamá modelo y era muy agotador.


Mi hijo habló en esa sesión, dijo que me consideraba una buena mamá porque estaba con él en ese momento, que estuve cuando me necesito, que no le hizo falta nada y que también lo que vivía ahora era importante y esperaba que hiciéramos juntos esa transición.

Escucharlo me emocionó mucho y recuerdo que salí de ahí con una sensación de gratitud como hacía mucho no sentía, con la imagen de la luz al final del túnel y el pensamiento que sembró Xantall en esa sesión también fue: entender que la vivencia de mi hijo es solo de él y que yo puedo acompañarle, ayudarme para saber cómo hacerlo, y entender que esa vida, es SU vida.


Aunque parezca algo tan obvio y elemental, no me había puesto a pensar que dejaba de ser un infante y empezaba a convertirse en un joven, con SUS ideas sobre el mundo, la gente, las relaciones, el amor; que mi papel como madre es estar si me necesita pero dejarlo explorar, equivocarse, pero no solamente a él, también a su hermana, puesto que desde siempre, cuando creí que tenía dos niñas, mis ideas sobre el género me llevaron a tratarlas como princesas de cuento y con todas esas historias y relatos que en realidad solo preservan los estereotipos que terminan perjudicando a las mujeres.



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