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Invisible pero perseverante y resiliente, el movimiento LGBT de Guayaquil, Ecuador : Lía Burbano





Judith Flores

Mujer lesbiana, periodista y activista LGBTTTI



Por décadas el movimiento LGBT en Ecuador ha sufrido discriminación y persecución por el acendrado conservadurismo de la sociedad ecuatoriana. Las lesbianas y los hombres trans son los más golpeados, aún más en tiempos de pandemia y sumado a la fuerte mortandad que impacto a la zona por la pandemia mundial. Pero organizaciones como Fundación Mujer y Mujer, dirigida por Lía Burbano, en Guayaquil, han resistido los embates y no solo han protestado por todas y cada una de las injusticias, sino que han establecido alianzas con organizaciones nacionales e internacionales para acabar con la discriminación, exclusión, violencia y pobreza y día a día son el apoyo para los cientos de personas LGBT visibles y no visibles, ecuatorianas y de Latinoamérica y el Caribe que tienen derechos y merecen una vida digna. En entrevista con quien esto escribe vía Zoom, Burbano, lesbiana ecuatoriana con más de 15 años de activismo nos compartió sus experiencias.


JF: ¿Cuál es la situación actual de la comunidad LGBT en Ecuador?

Lía Burbano (LB): Ecuador es percibido como un país pro-derechos de la comunidad Lésbica, Gay, Bisexual y Transgénero (LGBT), protector de la diversidad. Después de Sudáfrica pasamos a ser el segundo país en el mundo en reconocer en la Constitución nuestros derechos, con reconocimiento expreso de la orientación sexual e identidad de género de las personas. Es decir, el Estado está obligado a proteger los derechos de todos los grupos de atención prioritaria o de la población LGBT, grupos estructural e históricamente discriminados.


A partir de la Constitución de 1998, año de la despenalización de la homosexualidad aquí en Ecuador se ha fortalecido el activismo LGBT aunque ha tenido sus altas y sus bajas. Después llega la Constitución de 2008, misma que nos rige hasta la fecha, con la aprobación de casi el 70% de la población. Para lograrlo primero hubo un referéndum por el que trabajamos duramente por 2 años y medio aproximadamente. Las organizaciones privadas LGBT tuvieron un papel muy importante de articulación con los movimientos feminista e indígena del país. Fue una pelea muy fuerte contra los conservadores.


En 2009 se aprueba el nuevo código orgánico integral penal donde se tipifica el delito de odio por orientación sexual e identidad de género. En aplicación de dicho código se sentó un precedente cuando se sanciona a un candidato a presidente quien se refiere a una compañera trans como un hombre vestido de mujer. Ese caso es llevado al tribunal contencioso electoral y este candidato es sancionado, pierde derecho a su ciudadanía, es imputado simbólicamente por un valor ridículo, pero dentro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos este caso es premiado como emblemático.



Durante el gobierno de Rafael Correa, en 2017, conocido también como el año de la Revolución Ciudadana, se genera un espacio de diálogo y apertura y se crea una mesa interinstitucional cuya función seria generar la política pública LGBT, pero no se firma porque se termina el gobierno de Correa y no hay más apoyo para avanzar la iniciativa. Lenin Moreno, ha sido un presidente totalmente conservador, que le ha dado la espalda a las poblaciones LGBT. Nos ha invisibilizado por completo y en el contexto de la pandemia ni siquiera nos tomaron en cuenta para los programas sociales de apoyo. Para este gobierno las poblaciones LGBT simple y llanamente no existen.


El panorama es paradójico porque por un lado tenemos un país que cuenta con un marco normativo de avanzada, una Constitución que garantiza la protección de los derechos de las poblaciones vulnerables incluyendo las comunidades LGBT, pero paralelamente al interior existe una total invisibilidad, desatención y abandono hacia la diversidad.


JF¿Cómo ha afectado la pandemia?


LB En países tan religiosos como los nuestros hay una tendencia a satanizar todo y señalar a l @s homosexuales como culpables de terremotos y hasta del covid. Hay un retroceso de los avances que habíamos logrado. Hace tiempo no veíamos violencias expresas contra nuestras poblaciones porque la gente sabe que hay un marco normativo. Pero en 2020 hemos tenido 9 asesinatos contra jóvenes gay y mujeres trans, algo que no se veía en casi 15 años. Dichos asesinatos han sido incluidos dentro del número que maneja el movimiento de mujeres feminista y las organizaciones de sociedad civil con relación a los feminicidios. No es oficial la terminología “transfeminicidio”, se utiliza solamente la terminología feminicidio, pero sí se hace una aclaración que son asesinatos de odio contra gays y personas trans.


JF¿Qué hay respecto a las mujeres lesbianas sobre discriminación o violencia?

LB Ahí ya entra de lleno nuestra organización. En términos generales algo que sucede todavía en el marco de sociedades machistas, misóginas y lesbofóbicas, es que cuando hablamos de personas LGBT casi toda la atención se concentra en atención a poblaciones de hombres gays y en algunos buenos casos, la atención a poblaciones transfemeninas. Pero los transmasculinos pasan inadvertidos, igual que las mujeres lesbianas o las personas bisexuales que ni siquiera se las nombra o de las poblaciones no binarias u otras identidades. Entonces ahí el rol de las organizaciones como la nuestra es básicamente visibilizar estas temáticas de violencia y discriminación.


Con ese objetivo, estamos participando en proyectos a nivel nacional para levantar información en dos sentidos: uno, sobre casos de discriminación, exclusión y violencia y dos, la relacionada a la atención de salud sexual y reproductiva. Aparte hemos estado compartiendo información con algunas agencias internacionales e instituciones públicas para poder ir consolidando esa información pero eso avanza lentamente.


JF¿Qué han encontrado a la fecha, con base en la información parcialmente recabada, dado que la pandemia sigue?


LB La información que hemos levantado es de dos tipos: la que es local aquí en Guayaquil, y la nacional. Guayaquil era hace poco la ciudad más poblada en Ecuador. (Las cifras de muertos por covid no son certeras dado que en el punto más alto de la pandemia había cadáveres en las casas, en las calles y en los hospitales desbordados, el gobierno se vio rebasado). La ciudad es importante porque cuenta con la mayor cantidad de población LGBT invisible y por lo tanto la mayor cantidad de situaciones de violencia basada en género u orientación sexual. Y aunque el activismo también está muy invisibilizado nosotras hemos trabajado mucho para contrarrestarlo.


Se han reportado casos de familias maltratando y expulsando de sus hogares a mujeres lesbianas. Convivir con la familia a veces puede ser un infierno y el Quédate en Casa constituyó una obligatoriedad de permanecer con nuestros familiares que a veces son las personas que más te violentan. En consecuencia hay altos índices de ansiedad, tristeza y depresión e intentos de suicidio, sobre todo en las chicas más jóvenes.


Por otro lado, dueños de casa han expulsado a parejas lesbianas que se han quedado sin trabajo y no han podido pagar el arriendo. Tenemos dos casos de parejas de mujeres lesbianas que fueron empujadas y violentadas para sacarlas con sus cosas. Son mujeres empobrecidas que pertenecen a la clase obrera a quienes la situación de la crisis económica ha agravado su situación. Mientras pueden pagar los arrendatarios aceptan tenerlas, pero si no pagan entonces ya dejan de ser toleradas y comienzan las situaciones de violencia. En este sentido, también hay que considerar un pequeño porcentaje de chicas lesbianas y bisexuales que se dedican al trabajo sexual, que se vieron fuertemente golpeadas por toda esta situación al no poder trabajar y todo lo que todo eso conlleva.


También hemos identificado que dentro del contexto de pandemia no hubo atención a nivel de salud sexual y reproductiva por lo que las lesbianas con prácticas heterosexuales y las bisexuales han estado expuestas a embarazos no deseados, necesitan métodos de planificación familiar, necesitan la píldora de emergencia. Los índices de discriminación por la estética y la expresión de género se intensificaron y hay casos de hombres trans que al no poder acceder a sus tratamientos de hormonización entraron en crisis ginecológica y ginecobstetrica, además de presentar cuadros muy depresivos por la disforia de género y los problemas de salud. En el contexto de la pandemia los problemas se han acentuado, dado que ya existían desde antes de la llegada del covid.


JF¿De qué otra manera Fundación Mujer y Mujer está apoyando a la comunidad LGBT? ¿Trabaja con otras organizaciones o instituciones?


LB Nosotros hemos aprendido lo necesario que es trabajar articuladamente con otras organizaciones de la sociedad civil, LGBTI y con las colectivas feministas, pero también con instituciones gubernamentales cuyo trabajo está obligado a atender a las poblaciones de mujeres y LGBT. Eso nos ha permitido formar parte de la base de datos de otras entidades sociales, del listado de referenciales de instituciones públicas, y que otros nos tengan identificados y si quieren hacer un trabajo articulado nos llamen.


Nosotros somos parte de la Plataforma Guayaquil Feminista (PGF) y la Coordinadora de organizaciones sociales de la Provincia del Guayo. Con la PGF andábamos muy preocupadas por el tema de la violencia de género y el agotamiento, estrés y depresión de las feministas y de las activistas. Por un lado queriendo integrar grupos de apoyo , de autocuidado y contención emocional pero no podíamos salir de casa y por otro, todavía no nos recuperamos de la cantidad de gente que murió en las calles y todo ese espectáculo tan horrible que nos ha marcado emocionalmente, porque todas hemos perdido a alguien.


Por otra parte, a las dos semanas de “Quédate en Casa”, la gente clamaba por comida, así literal. Guayaquil es una ciudad que tiene la mayor cantidad de pobres en el país, que viven en situación de hacinamiento con unas temperaturas altísimas. Así que lanzamos la campaña “Extiende tu mano” para poder comprar víveres, armar los kits de alimentos y bioseguridad y entregar, entregar y eso lo hicimos durante todo el mes de abril. Hubo mucha solidaridad y generosidad. Pero nuestra gente LGBTI no estaba apareciendo, entonces eso generó una frustración tremenda. ¿Qué pasó con nuestra gente? ¿Dónde está?


Hicimos un trabajo tenaz a punta de wasaps y llamando, llamando para armar una base de datos. De hecho hicimos dos: una solo de Guayaquil y otra a nivel nacional. La base de datos a nivel nacional la compartimos con el Ministerio de Inclusión Económica y Social y el Consejo Nacional para la Igualdad de Género y les dijimos “¡Hey! existimos y nos estamos muriendo de hambre, aquí está la lista, hagan algo!”. Presionamos con ayuda de muchos colectivos LGBTI. Se consiguió la entrega de unos bonos y unos kits de alimentos, a nivel nacional.


A nivel local trabajamos específicamente con lesbianas y transmasculinos, dos de las poblaciones más invisibilizadas en el espectro LGBT. Identificamos a chicas, parejas, chicos y grupos en mayor situación de riesgo y vulnerabilidad y primero los atendimos a elles. Comenzamos con 70 hasta llegar a 150 aquí en la ciudad. Pero nosotras tenemos trabajo con otras provincias de la región costera y con otras colectivas LGBTI, reunimos más recursos y llegamos a cinco ciudades diferentes, entregamos transferencias económicas a colectivos locales, para que ellos a su vez compraran recursos, los repartieran y consiguieran medicinas para las compañeras y compañeres diagnosticadas covid.


Todo eso lo hicimos entre el mes de mayo, junio y ya para el orgullo paramos un poco. Pero mantuvimos activa la campaña “Camina con Nosotros” que fue diseñada originalmente para atraer recursos para sostener la organización pero se transformó en una campaña para gestionar ingresos para sostener las acciones en el contexto covid. Finalmente, en los próximos días presentaremos con UNFPA (Fondo de Población de las Naciones Unidas) y con el Instituto Nacional de Estadística un censo nacional sobre la situación de las poblaciones LGBT durante la pandemia.


JF¿Cuál es la relación con grupos feministas y grupos indígenas puesto que también es la población objetivo de la organización?


LB El tema es clave, una de las tareas pendientes que tenemos como organizaciones es precisamente articular nuestra lucha con las otras luchas. Gracias al movimiento de mujeres y al movimiento feminista en el país se logró la despenalización del homosexualismo en 1997. Si no hubiera sido por las feministas y el movimiento indígena no lo hubiéramos logrado. Fue una articulación política sumamente fuerte. Sin embargo, lamentablemente ya sabes que el machismo, el sistema patriarcal no excluye a las agrupaciones LGBT. Si no hacemos un proceso de deconstrucción a lo interno, replicamos estas prácticas y discursos al interior de los grupos.


Mujer y Mujer nació en una fundación que en ese tiempo se llamaba GLBT y era mayoritariamente gay. Pero tuvimos que romper esa relación por la violencia lesbofóbica con la que fuimos tratadas. Para nosotras nunca ha sido una opción el separatismo o estar por fuera del movimiento diverso, somos y nos asumimos como lesbianas feministas. Trabajamos en articulación con muchas organizaciones e instituciones, pero también somos parte del tejido LGBT. Pero en momentos históricos hemos tenido que parar porque la violencia también es bastante intensa al interior de este movimiento. Son unas cosas bien fuertes y a veces no se puede avanzar.


JF¿Cómo han logrado sostenerse en medio de la pandemia?


LB El gobierno actual nos ha debilitado mucho, estábamos muy debilitados como movimientos, como organización y habrá que hacer muchísimo para poder retomar eso. En Mujer y Mujer no hemos parado nuestro trabajo articulado. Es muy fuerte porque tienes que sacar tiempo de donde no hay, tienes que hacer presencia en mil y un espacios, la virtualidad es agotadora, es demasiado desafiante y a veces también violenta, porque tú tienes que estar ahí íntegra, ya te pudieron haber pasado mil cosas, pero tienes que estar en el webinar, en el foro.



Yo tengo un montón de amistades y compañeres que se han estado alejando poco a poco. Mi organización también se ha visto debilitada con la salida de compañeras que han tenido que ir a buscar formas de trabajo, porque no se puede sostener un staff adecuado en esta circunstancia. Entonces pierdes gente valiosa y si la organización se debilita, también se debilita el tejido social o se imposibilita seguir articulando.


Nosotros seguimos con la articulación con distintos grupos: las mujeres feministas organizadas de forma histórica, las anarcas feministas, que son un poco más irreverentes, más radicales, y por otro lado, las gremiales sindicales, las indígenas, las de campesinos, las mixtas etcétera y esa es una riqueza. De hecho Mujer y Mujer tiene su sede en un espacio que ya tiene cuatro años funcionando y se llama “Casa de la Diversidad”. Opera como un centro comunitario en el que se reúnen todas las organizaciones mencionadas y funciona con recursos aportados por Astraea Lesbian Foundation for Justice. Este espacio es vital en una ciudad como Guayaquil que es ultraconservadora, machista y lesbofóbica. Aquí hay una tradición de odiar a las mujeres lesbianas.


JF¿Cómo es que Guayaquil es tan hostil para las mujeres lesbianas?


LB Políticamente hablando el poder económico y religioso del país está aquí en Guayaquil. La capital es Quito y allá están los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Pero los grupos económicos más poderosos que manejan el país están concentrados acá. Además, el Opus Dei tiene su centro de operaciones en esta ciudad, la Conferencia Episcopal Ecuatoriana funciona en Quito pero es el obispo de Guayaquil el que tiene ese poder y esto ocurre desde hace varias décadas, desde la época de la dictadura.


Ecuador tuvo más de 10 años de dictadura hasta 1979, y en ese tiempo Guayaquil se consolidó como el centro del poder económico y religioso del país. Esto obviamente atraviesa la dinámica y la cotidianeidad del pueblo guayaquileño, por un lado somos una ciudad puerto, y se piensa que como la gente es alegre también es abierta, open mind…falso, falsísimo. somos muy bailarines, muy abiertos muy chéveres pero ya en nuestras dinámicas particulares familiares somos muy conservadores. Hay una presencia muy poderosa de la iglesia católica y una presencia muy importante de grupos de iglesias evangélicas que han proliferado tremendamente y la ciudad está atravesada por eso.


Se sabe por investigaciones que ya en la década de los 70´s circulaban anuncios con advertencias a las familias guayaquileñas del peligro de las lesbianas que “están acechando a las chicas”, advertencias super mega serias sobre estas mujeres tan pervertidas que las brujas de Salem nos quedaban cortas…Ya ese imaginario de rechazo estaba bien estructurado y por eso se comprende que en Guayaquil esté más del 75% de las clínicas de deshomosexualizacion que existen en el país. Estudios especializados han demostrado que el 90% de quienes son secuestradas y encerradas en estas clínicas son mujeres lesbianas sin importar su edad, por ejemplo recuerdo el caso de una mujer de 58 años que fue recluida ahí por su familia. El tema de la tutela patriarcal del estado, el varón, el hombre sobre el cuerpo de las mujeres, es muy fuerte.


JF¿Y cómo ha logrado sostenerse el activismo lésbico?


LB Sostener el activismo lésbico aquí en Guayaquil ha sido toda una odisea. Nosotros hemos logrado resistir los embates gracias a la articulación con otros colectivos, pero otros colectivos no han logrado sobrevivir porque el contexto es muy fuerte. Yo personalmente he sufrido violencia física por parte de policías metropolitanos y con mis compañeras de Mujer y Mujer hemos sido violentadas en espacios públicos, es fuerte, no es que seamos el único caso, pero en este contexto de mucho conservadurismo este tipo de violencia lo que hace es reprimir a la gente. Nosotros aquí tuvimos el gran levantamiento indígena popular en noviembre pasado y los LGBT no salieron, salimos algunas personas individualmente pero no salimos como movimiento, como colectivo. Guayaquil tiene el orgullo más grande de todo el país, pero sólo salimos el día del orgullo. El resto del año estamos todos ocultos en nuestras casas, en las saunas, donde sea. Esta es una ciudad muy dormida. El país en general es un país muy pasivo que no reacciona si no estamos hasta con el zapato aplastando la cara en el piso, quizá ahí ya reaccionamos un poquito y eso nos ha hecho mucho daño. Pero afortunadamente son otros tiempos y yo tengo esperanza en la gente joven, que reaccionen. Las jóvenes lesbianas son las que están levantando el nuevo feminismo, son ellas las que están levantando todo eso.


JF¿Podría describir la población que atiende Mujer y Mujer y la problemática que refleja ?


LB La población que atendemos no tiene el hábito de ser muy visible. La población objetivo de Mujer y Mujer son las mujeres de la periferia, de clases populares y trabajadoras, atravesadas por otras realidades como son otra cultura étnica, su ciudad o país de origen, entonces nosotros trabajamos con la discriminación, exclusión y la violencia con una mirada más interseccional. Esto a través de promover la visibilidad y el empoderamiento de las chicas. Pero la mayoría de las mujeres optan por una vida oculta. Incluso Mujer y Mujer cuenta con un grupo directivo que participa en las decisiones de la organización, pero muchas de ellas no son visibles.


Como trabajamos con mujeres que están en los territorios, las que están en los barrios etc. etc. hemos logrado “detectar” su existencia según los proyectos. Por ejemplo, para una investigación en 2018, acá en Guayaquil, logramos trabajar con 300 mujeres lesbianas bisexuales y queer; en 2012 participamos de un levantamiento de información en el estado y logramos contar a 400 y algo de mujeres lesbianas en 3 ciudades de la costa. Ahí fue una encuesta dirigida a mujeres lesbianas parcialmente visibles a totalmente visibles; en otras provincias de la costa logramos detectar por cada ciudad a unas 150 mujeres lesbianas indirectamente, amigas de amigas…


No tenemos poblaciones masivas, en eso soy siempre muy clara. Si nos invitan a una reunión y nos preguntan ¿Cuántas mujeres pueden traer? No las mujeres lesbianas no nos movemos de esa manera…ningún colectivo atrae población. En la vida antes de la cuarentena teníamos los Sábados Diversos donde realizábamos juegos, compartir, anécdotas y el Trueque de Saberes donde intercambiábamos experiencias, con máximo 25 personas. Al principio me frustraba no reunir a mucha gente, pero respiré profundo y llegué a la conclusión que de la manera que Mujer a Mujer podía servir a la comunidad es que sepan que hay un lugar que estará para ellas cuando lo necesiten. Actualmente tenemos 80-90 usuarias por temas de violencia y unas 200 que preguntan, comentan, piden asesoría, si necesitan un hombro para llorar, compañía para ir a poner una denuncia o piden consejo a través de WhatsApp, Instagram o FB.

El sábado 21 de noviembre reabriremos nuestro espacio de apoyo terapéutico porque a partir del covid ha quedado mucho dolor, mucha tristeza interna así que vamos a aprovechar de reabrir el espacio y reactivar la asistencia de la población de mujeres lesbianas y hombres trans. Aspiramos a 10-12 por las medidas de bioseguridad. Hay que reactivar porque la gente necesita el espacio, claro, en el entendido que las que vienen hoy, ya no vienen mañana. Por nuestra parte, siempre nos hemos movido mucho para acercarnos a sus lugares. Recuerdo que yo iba a las discotecas pero incluso estas no duraban, tenían que cambiar porque las lesbianas se aburrían y dejaban de ir. Tal vez sea igual una medida de seguridad, porque sigue pasando. Mujer y Mujer se ha adaptado a esa dinámica con tal de estar presente para las lesbianas.


JF¿Qué planes tiene la organización frente a lo que todavía falta con la pandemia?


LB Ya empezamos a trabajar hacia la autonomía económica como una alternativa para enfrentar la violencia. Se habla de muchas cosas para el fortalecimiento, pero en la práctica lo que necesitamos las personas LGBT es ser autosuficientes, sobre todo las mujeres lesbianas con una estética y una expresión de género que todavía es rechazada por la sociedad porque no pueden conseguir un buen trabajo, reciben bullying, discriminación y tienen que saltar de trabajo en trabajo exponiendo su vida en condiciones más precarias y violentas.


Ya tenemos una Constitución y hay una ley de la prevención y erradicación de la violencia contra la mujer. Sin embargo la violencia continúa y las personas LGBT se siguen quejando de lo mismo. En igualdad de derechos algo hemos logrado, pero en igualdad de oportunidades no y las mujeres lesbianas y los hombres trans tenemos una situación muy compleja. En el caso de las mujeres lesbianas, tenemos cuerpos de mujeres que en un sistema patriarcal todavía está sujeto a la gran brecha de género. Y en el caso de los hombres trans, sobre todo los hombres trans no binarios que es con quienes trabajamos, aunque han hecho cierto tipo de transiciones no alcanzan una transición que les borre de lleno todo el tema de la biología de mujer. Ante la sociedad siguen siendo mujeres y tratadas como mujeres expuestas a una serie de situaciones que tienen que ver con el género.


Tenemos que trabajar en la idea del emprendimiento, pero no en la concepción clásica, sino de autonomía económica y ser capaces de gestionar nuestro propio recurso como una alternativa para enfrentarnos a la situación de violencia histórica que hemos venido soportando. Hemos avanzado poco a poco. Con procesos de capacitación a mujeres lesbianas y hombres trans de colectivos en zonas empobrecidas para impulsar proyectos que les mejore sus condiciones de vida, pero también que su compromiso sea devolverle a su organización parte de esos recursos para que puedan sostener el activismo. Vamos a brindar apoyos de 6 mil dólares por emprendimiento para que logren un nivel de poder sostenerse por su propia cuenta y a partir de ahí ellos apoyar con un pequeño ahorro al colectivo local.


Mujer y Mujer va a seguir caminando en el tema de derechos, no podemos bajar la guardia, vamos a seguir promoviendo el conocimiento, la información estratégica, seguiremos con la Casa de la Diversidad, articulando la lucha, protestando en la calle, pero también pensando en la autosuficiencia habremos de establecer una caja de ahorros, una red de cajas de ahorro que nos permita sostenernos como organización y sostener y fortalecer a los movimientos LGBT y en ciudades pequeñas. Eso ayudaría a apoyar a mucha gente que tiene muchas ganas de salir adelante y lo único que necesita es un pequeño impulso.

Otra cosa muy importante es que somos parte de la mesa de vinculación de las organizaciones de la sociedad civil de los países de Latinoamérica y el caribe, coordinando el trabajo de la región andina. Somos parte del grupo LGBTI+ que nos ha permitido tener un papel de interlocutoras con otras organizaciones de la región y como parte de la red de lesbianas de Latinoamérica y el Caribe (LESLAC). Mujer y Mujer es una de las organizaciones que desde 2017 ha impulsado todo esto y en 2020 parece que ya empezamos a despuntar y eso nos tiene muy orgullosas.


Para nosotros es muy valioso aportar parte de lo que hemos aprendido en todos estos años al activismo de la región a fin de consolidar una red que de alguna manera recoja nuestras luchas, impulse nuestras posturas, visibilice la lucha lésbica y se posicione una agenda política latinoamericana. Tenemos puesta vida, alma y corazón para garantizar la continuidad y que no vaya a fracasar nada porque se está haciendo un trabajo importante. Musas de Metal Grupo de Mujeres Gay AC de México, FEM de Colombia y las lesbianas socialistas de Perú LIFS, la Red de Mujeres Lesbianas y Bisexuales de Bolivia (Red LB Bol)y Ecuador, entre otras estamos trabajando en ello.

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